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MALVINAS: EL SENADO APROBÓ DOS PROYECTOS DEL SENADOR BLANCO

01 Dic 20
Alberto Mena
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Por Armando Cabral

Martes 1 de diciembre.

El Senado de la Nación aprobó el viernes pasado dos proyectos del Senador Pablo Daniel Blanco ligados a la cuestión Malvinas. El primero de ellos es el referido a la candidatura al Premio Nobel de la Paz de dos veteranos que con su labor hicieron posible el reconocimiento de 115 héroes sepultados en el Cementerio de Darwin. El segundo conmemora los 200 años del primer izamiento del pabellón nacional en nuestras islas.

Para el Senador “la labor humanitaria Julio Aro y Geoffrey Cardozo merece el reconocimiento del Senado, del pueblo argentino y del mundo entero. Gracias a su trabajo se logró establecer la identidad y el lugar exacto donde están sepultados nuestros héroes. Ambos han hecho una tarea monumental por la memoria y por la paz. Gracias a ellos logramos ir cerrando dolorosas heridas y las familias de los caídos en combate tienen la certeza del lugar donde poder rendir su íntimo homenaje. En medio de tanto dolor, Aro y Cardozo han traído tranquilidad y han ido saldando una vieja deuda histórica”.

El primer izamiento de nuestra bandera en Malvinas se realizó el 6 de noviembre de 1820. Para Blanco la “la magnitud e importancia de este homenaje no se focaliza en el tiempo, en los años transcurridos como cualquier otro aniversario. Se trata de un acontecimiento que marca un hito histórico para el país y para nuestro imprescriptible reclamo de soberanía. Para quienes vivimos en la provincia de Tierra del Fuego, esta conmemoración renueva nuestro sentimiento, nos recuerda y actualiza una causa profundamente arraigada en nuestro corazón”

“Como argentino, fueguino y miembro integrante del Consejo Nacional de Asuntos Relativos a las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los Espacios Marítimos e Insulares Correspondientes, es una gran satisfacción que el Senado haya aprobado por unanimidad estos dos proyectos en lo que, entiendo, es una muestra clara de que es posible avanzar juntos, oposición y oficialismo, cuando se fijan claramente y por consenso políticas de estado”, finalizó el Senador Blanco.

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Emotivo acto en el Jardín Municipal Nº 29

01 Dic 20
Alberto Mena
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El viernes 27 de noviembre se entregó la bandera Institucional del Jardín Municipal Nº29 «Héroe de Malvinas José Luis Del Hierro». Este video refleja el emotivo acto que contó con la presencia de la familia de José Luis, el Intendente Municipal Guillermo Montenegro ( quien fue compañero de colegio y amigo ), Julio Aro ( Presidente de la Fundación No Me Olvides ) y el equipo educativo del Jardín, a quienes acompañó el Secretario de Educación Sebastián Puglisi.

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El Jardín Municipal N°29 «Héroe de Malvinas José Luis del Hierro»presentó la Bandera institucional

28 Nov 20
Alberto Mena
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Es una iniciativa para rendir homenaje al héroe marplatense caído en Malvinas, quien lleva el nombre de la Institución. Además, fue compañero de colegio del Jefe Comunal.

El intendente Guillermo Montenegro participó este viernes 27 de noviembre del acto de presentación de la Bandera institucional del Jardín de Infantes Municipal N° 29 “José Luis del Hierro” ubicado en el barrio Félix U. Camet.

Esta iniciativa del establecimiento educativo,  la Fundación “No Me Olvides” y Juan José del Hierro – hermano del ex combatiente-, tiene como objetivo principal rendir homenaje al soldado de Malvinas, José Luis del Hierro, quien lleva el nombre de la Institución.

En una ceremonia íntima, el Intendente recordó las vivencias con José Luis, quien fue su compañero de colegio: “Con José Luis compartimos muchas cosas, jugábamos al fútbol y nos divertíamos mucho. Para mí, la presencia de José Luis fue permanente».

“Es un orgullo ir a un Jardín que tiene el nombre de un amigo y es un honor tener la bandera para acompañar a Juanjo y a José Luis. Es la mejor forma en que lo podemos recordar”, agregó.

Por su parte, Julio Aro, presidente de la Fundación –  y candidato al Premio Nobel de la Paz-  destacó la importancia de la conmemoración: “Es algo familiar que se hace con el corazón y cuando las cosas se hacen con el corazón jamás fallan”.

En esta misma línea, Malena Bustos, directora del Jardín, destacó el surgimiento de la idea de creación de la Bandera y la colaboración de los alumnos en su elección: “Hoy tenemos el inmenso orgullo de presentar nuestra Bandera en ausencia de nuestros principales protagonistas que son los niños. Esto nos va a dar impulso para que cuando volvamos a la presencialidad, hagamos otro acto, porque ellos son hacedores  de nuestra Bandera”.

Del acto también participaron Sebastián Puglisi y Pablo Landi, secretario y director de Educación, respectivamente; Silvia Lettieri, supervisora Nivel inicial; Paola Bragas, supervisora Equipos de Orientación Escolar; Alicia Braña, directora general de Educación; docentes, auxiliares y equipo directivo de la institución educativa;  familiares y amigos de José Luis Del Hierro.

Durante la ceremonia se realizó la bendición de la bandera por parte del Pbro. Silvano De Sarro y se presentaron videos institucionales y familiares.

Juan José, hermano del ex combatiente caído en Malvinas, agradeció el homenaje y  sostuvo que “es un honor que se recuerde a José Luis a través de los chicos. Donde hay vida, hay esperanza y futuro”.

CREACIÓN DEL PROYECTO

El Jardín Municipal N°29 presentó la Bandera institucional

El Proyecto de dar reconocimiento a los soldados caídos en combate que lleva adelante la Fundación va de la mano con el Proyecto Institucional del Jardín implementado durante el Ciclo Lectivo 2020, que se desarrolló mediante la modalidad de trabajo virtual, a raíz de la pandemia del Coronavirus.

Las ilustraciones pertenecen al artista plástico Gustavo Martín Fermoselle, quien representó a José Luis Del Hierro en un personaje animado.

Para la elección definitiva, el Jardín de Infantes llevó a cabo una votación a través de una plataforma digital destinada a toda la Comunidad Educativa. Participaron de la elección tres bocetos presentados por el artista, quien plasmó las ideas enviadas por la familia del soldado y docentes de la Institución.

La Bandera institucional acompañará los actos de las distintas efemérides y será el símbolo del establecimiento.

FUENTE: prensa municipal

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“El correntino héroe de Malvinas”, por Alfredo Leuco

27 Nov 20
Alberto Mena
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El nuevo editorial de Alfredo Leuco para “Le doy mi Palabra”.

Gabino se ganaba unos pocos pesos cosechando tabaco y vendiendo sandías. No hay muchas otras fuentes de trabajo en ese pueblito. Colonia Pando hoy tiene menos de 500 habitantes. ¿Se imaginan lo que sería en 1982, poco antes de la guerra de Malvinas?

Gabino llegó cabalgando su tordillo negro a la casa familiar y se abrazó con sus siete hermanos, con su padre que le había regalado ese caballo maravilloso y con Elma, su madre del alma.

El corazón se le salía por la boca. Por la emoción y también un poquitito por el miedo. Jamás un correntino de ley confesaría su temor, pero para Gabino todo era novedad e incertidumbre. Lo convocaban a luchar contra los ingleses.

Tenía poca instrucción militar y hasta sus ropas no eran las adecuadas para semejante clima y desafío. Le cuento un dato: la única foto que se sacó Gabino en su vida fue cuando salió por primera vez de franco. Su corbata, la chaqueta militar, y el birrete con la escarapela argentina clavada en el medio.

Su madre lo abrazó profundamente, le deseó toda la suerte del mundo y puso unos pocos pesos en el bolsillo y le dijo: “Tomá, cambacito querido. Tal vez te sirva para algo”.

Cambacito es el diminutivo de Cambá, que en guaraní es una forma cariñosa de decirle negrito. Comieron como si fuera navidad. Estofado de pollo y fideos. La pobreza todavía no le había arrebatado a la familia numerosa Ruiz Díaz la posibilidad de almorzar en forma nutritiva por lo menos una ver por día.

Doña Elma, con una mezcla de orgullo y pánico, vio irse a su soldadito rumbo al cuartel. Tenía un saco azul con botones de madera que ella misma le había tejido. Los integrantes del Regimiento de Infantería 12 de Mercedes se diseminaron en una franja estratégica en la defensa llamada “Pradera del Ganso”, o Goose Green como le decían los kelpers.

El cambacito Gabino apenas vio como venía la mano le escribió una carta a su vieja. Como una premonición, le dijo textualmente con letra temblorosa: “Mami: Si Dios me levanta en este lugar, si ya no regreso, no llore por mi porque estoy luchando por la patria”.

Doña Elma hoy se aferra a esos dos papeles como si fuera el cuerpo de su cambacito Gabino. La carta amarillenta y la foto con birrete. La noche del 28 de mayo de 1982 fue una pesadilla de fuegos quemantes y dinamita que caía del cielo y aniquilaba soldaditos.

Hubo 50 muertos y más de 140 heridos. Fue la batalla de Goose Green. Los ingleses primero batieron con bombardeo aéreo la zona y después cayeron los paracaidistas que están entre los profesionales mejor preparados del mundo, a terminar con toda resistencia.

Gabino combatió como un guerrero. Resistió con su fusil y sus pocas municiones. El héroe de Colonia Pando se quebró en llanto al ver a su compañero de trinchera degollado por una maldita esquirla. Siguió disparando escondido, pero finalmente el correntino corajudo regó con su sangre esas tierras argentinas. Y ahí quedó.

Gabino, su muerte temprana de 18 años y sus ilusiones fueron sepultados en el cementerio de Darwin. Era uno de los que estaban a un metro y medio bajo tierra, con una cruz de respeto y una sola identificación: “Soldado argentino solo conocido por Dios”.

Un anónimo cambacito correntino puso el pecho por todos y entregó su vida por millones de argentinos, pese a que el país solo le había dado privaciones y aislamiento. Su madre nunca pudo tolerar esa idea de no saber que fue de su cuerpo.

En un viaje que hicieron los familiares, dejó un rosario y unas flores azules de papel en una tumba. No se pueden llevar flores de verdad a las islas y ella eligió esa cruz porque su corazón le dijo que Gabino estaba cerca, con su sonrisa de pibe, disfrutando ese estofado de pollo en familia. Lo sintió en el corazón y en las tripas.

Pasó el tiempo, ella enfermó y la diabetes le amputó sus dos piernas. La tristeza y los ojos secos de tanto llorar se instalaron para siempre en esa casita humilde tan cerca de los esteros de Santa Lucía y tan lejos de Dios.

Pero un día luminoso, pasó el ex combatiente Julio Aro y le contó que habían identificado los restos de su hijo. Ella se estremeció. Le rogó al cielo que le diera salud para poder abrazarse a esa cruz de Malvinas.

Aro y el capitán del ejército inglés, Geoffrey Cardozo acaban de ser nominados para el premio Nobel de la Paz por la tarea titánica y solidaria que realizaron.

Junto a otros ex combatientes, al aporte invalorable del Equipo Argentino de Antropología Forense y la Cruz Roja Internacional lograron identificar a 115 compatriotas caídos en combate. Solo les quedan 7 para lograrlo en su totalidad.

Aro y otros compañeros fundaron la “Fundación No me Olvides”, en Mar del Plata. Dedicó toda su energía a eso desde el día que propia madre le dijo que ella no lo hubiera dejado de buscar ni un minuto. Julio jamás olvidó las palabras de su madre y fue suficiente para que se pusiera el servicio de todas las madres de sus compañeros.

Julio y Geoffrey están contentos porque con solo haber sido nominados para el Nobel, la tarea que hacen con tanto esfuerzo y sacrificio puede recibir un gran impulso. Sueñan con ganarlo. Ojalá.

Porque son un ejemplo de templanza, un mensaje de no rendirse jamás, de apostar a la convivencia pacífica y de demostrar que dos personas que estuvieron en distintos bandos en una guerra, pueden ser amigos como Julio y Geoffrey.

Se conocieron en Londres cuando Cardozo, cuyo apellido denota sus antepasados hispanos, fue el traductor en un congreso donde se estudiaron las distintas y mejores maneras de afrontar el stress post traumático de quienes regresan de una tremenda confrontación bélica.

El destino quiso que Geofrrey confiara en la transparencia de Julio y le confesara que fue el creador, por orden de sus superiores, del cementerio de Darwin. Tenía anotaciones, mapas, coordenadas que podían ayudar a identificar a los caídos. En esa época no había ADN. Había que guiarse por otros elementos.

Hoy ya se dispone de un scanner que puede advertir si un soldado tiene algo escondido en sus botas, por ejemplo. El trabajo fue agotador. Pero ninguno aflojó. Fue una guerra permanente contra el olvido y el resentimiento.

Una apuesta humanitaria para que todos dejaran de ser un número en una planilla y recuperaran su nombre, su apellido y su dignidad. Para que sus familias supieran en donde descansan en paz, después de la guerra, los restos de sus seres queridos.

Uno de los que estaba enterrado como NN, resultó ser Gabino, nuestro admirado correntino del pueblito de Colonia Pando. El cambacito, como le decía y le dice su madre, tenía en el bolsillo un viejo reloj que su padre le había comprado en la joyería “La Perla” y un pañuelito de mujer.

En esa época las novias, le solían dar a los soldados, un pañuelito con su perfume para que no olvidaran su amor, en el fragor de los tiroteos.

Gabriela Cocciffi directora del portal Infobae, es una de las personas que más empujó para que todo esto fuera realidad. Puso su pluma, su sensibilidad y su valentía en esta utopía. Ella cuenta que finalmente lograron llevar a doña Elma al cementerio que está a 88 kilómetros de Puerto Argentino.

Hubo aportes y colaboraciones de todo tipo. Julio Aro empujaba la silla de ruedas por esas piedritas que tanto significan. Elma llegó y se abrazó a una cruz blanca que estaba al lado de la tumba en la que ella había sentido que era la de su hijo. “Estaba cerca el cambacito. Me latió furte el corazón en este lugar”, dijo Elma entre lágrimas.

Los ingleses le pusieron protocolo y respeto a semejante momento. Todos formados y uniformados alrededor de ella. La trompeta ejecutaba “The Last Post”, y ese sonido cruzaba el viento.

Un teniente de aviación inglés, con su traje camuflado de combate, que además es sacerdote, se arrodilló ante Elma y rezó con ella. Era conmovedor ver a ese gigante soldado inglés de casi dos metros, abrazado a la madre de un soldado argentino. Ambos lloraban.

En ese preciso instante, Malvinas se transformó en una herida y una esperanza. Una llaga abierta y un gesto de hermandad entre seres humanos, sin distinción de nacionalidades.

Elma se quedó un par de horas ante la tumba de Gabino. Cuando se fueron su cara tenía cierta paz espiritual. Julio Aro le dijo que Gabino no iba a morir mientras todos nos acordáramos de él. Y eso es lo que estamos haciendo. La posibilidad del premio Nobel fue el disparador.

Pero ahora queremos tener memoria por todos los Gabinos que la guerra asesinó. Para que todos los Gabinos sepan que no nos vamos a olvidar. Y solo eso, los hace inmortales. Como dice Alejandro Lerner:

Madre, me voy a la isla, no se contra quién pelear;
Tal vez luche o me resista, o tal vez me muera allá.
Creo que hace mucho frío por allá;
Hay más miedos como el mío en la ciudad.
Qué haré con el uniforme cuando empiece a pelear,
Con el casco y con las botas, ni siquiera sé marchar.
No hay mal que no venga al Hombre, no hay un Dios a quien orar.
No hay hermanos ni soldados, ya no hay jueces ni jurados,
Sólo hay una guerra más.

FUENTE: radiomitre.cienradios.com

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Excombatientes de Malvinas nominados al Nobel de la Paz

18 Nov 20
Alberto Mena
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El argentino Julio Aro y el británico Geoffrey Cardozo, postulados por la identificación de los soldados en el Cementerio de Darwin

Imagen: Télam

«El mayor premio ya lo hemos recibido, y es ese beso y ese abrazo de una madre que recuperó a su hijo», dice Julio Aro. Él es un ex combatiente de Malvinas y junto con el ex soldado británico Geoffrey Cardozo fueron nominados al Nobel de la Paz 2021 por impulsar la identificación de los soldados argentinos enterrados en el Cementerio de Darwin.

La nominación fue confirmada hace horas por el Comité Noruego, encargada de seleccionar a los candidatos y entregar ese galardón, uno de los más relevantes a nivel internacional.PUBLICIDAD

«Estamos totalmente orgullosos y felices por esta postulación”, es “como si estuviéramos en una nube», dijo Aro a Radio Télam. «No podemos creer que tenemos cientos de llamados de las mamás que perdieron a sus hijos porque hemos representado la voz y la cara de sus hijos», añadió.

Aro es presidente de la Fundación No Me Olvides, creada en 2009 para brindar apoyo a personas con estrés postraumático, y quien presentó su nominación ante el Comité Noruego fue el Consejo Superior de la Universidad Nacional de Mar del Plata, ciudad de en la que él vive.

La nominación la comparte con Geoffrey Cardozo, contra quien combatió en la guerra de 1982 y a quien conoció personalmente en 2008, durante un viaje a Londres. Ambos participaron de un encuentro entre ex combatientes de ambos países y Aro no sabía hablar inglés. Su traductor fue Cardozo.

Allí, Aro le contó que había visitado el cementerio de Malvinas y que la mitad de las tumbas no estaban identificadas. Solo decían «soldado argentino solo conocido por Dios». Cardozo se sorprendió, había sido uno de los soldados ingleses que diseñó el Cementerio de Darwin.

Él había llegado a las islas cuando la guerra terminó y su misión fue ayudar a los oficiales a atender a la tropa que habían terminado de combatir. Pero la orden fue otra: hallar y sepultar cuerpos de soldados argentinos.

El contacto con Aro se dio en aquel encuentro en Londres y cobró fuerza cuando le entregó la información que dio el puntapié inicial al proyecto humanitario para la identificación de los cuerpos.

Este trabajo recibió un fuerte impulso hace dos años, junto con la Cruz Roja, pero data de 2011. Fue iniciado por organizaciones de veteranos como el Centro de Ex combatientes Islas Malvinas de La Plata (Cecim) y la Fundación No Me Olvides, y cobró velocidad luego de que una periodista argentina tomó la información que recibió Aro y se la mostró al ex Pink Floyd, Roger Waters. Al año siguiente, el músico inglés le habló del tema a la entonces presidenta Cristina Kirchner y esta se contactó con la Cruz Roja Internacional.

El pedido fue que este organismo le hiciera llegar la iniciativa al gobierno británico, mientras con el Equipo Nacional de Antropología Forense (ENAF) se comenzaba a entrevistar a familiares de ex combatientes, para obtener ADN y cotejarlos con los cuerpos enterrados en Malvinas.

Hasta el momento, en el marco del proyecto se identificó a 115 soldados muertos en la guerra. El trabajo continuó en el medio de la pandemia. En los últimos meses se identificaron a dos de los siete que restaba ponerle nombre y apellido, y contactar a sus familias.

Aro desea que «ojalá que esto (por el Nobel) sirva para seguir malvinizando y para seguir buscando a los siete compañeros que aún nos faltan» identiicar. «El mejor premio Nobel ya lo hemos recibido, y es ese beso y ese abrazo de esa madre que acaba de recuperar a su hijo», concluyó

FUENTE: pagina12.com.ar

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Julio Aro, el argentino postulado al Nobel: «Los verdaderos nominados son los compañeros que no pudieron regresar»

18 Nov 20
Alberto Mena
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Julio Aro es ex combatiente de la guerra de Malvinas y fundador de «No me olvides», una organización que se encargó de luchar por la identificación de los 122 soldados enterrados sin nombre en el cementerio de Darwin.

Julio Aro sostiene que el ya ganó un premio, el noble del amor «cuando los padres y madres de los soldados que arrastran los pies con la cabeza gacha y la espalda encorvada hasta llegar a la tumba de su hijo, llegan a la tumba, te abrazan fuerte y te dicen ‘gracias por ayudarme a encontrar a mi hijo'». Para el argentino ex combatiente de la guerra de Malvinas y fundador de «No me olvides» que fue nominado junto al británico Geoffrey Cardozo al premio Nobel de la Paz, la postulación no es suya, sino que «los verdaderos nominados son las madres y los compañeros que no pudieron regresar», según contó Aro en una entrevista en el programa Creo, que conduce José Curiotto en Aire de Santa Fe.

Aro, quien participó como conscripto en el conflicto bélico de 1982 con tan solo 19 años, fue postulado por la Universidad de Mar del Plata para la edición 2021 del premio, y a primera hora del lunes se enteró de la confirmación oficial por parte del Comité Noruego del Nobel.

El ex combatiente comparte la candidatura con el ex coronel británico Cardozo por la tarea realizada entre ambos en la identificación de los cuerpos de los soldados argentinos muertos en la guerra.

La historia que hoy lleva a Aro a estar nominado comenzó en 2008, cuando viajó a las islas «en busca del Julio que había dejado», contó el mismo. «No paré de llorar en toda la semana y comprendí que la guerra había sido inútil», expresó. Aro recorrió todos los campos de batalla y el cementerio de Darwin. «Cuando vi las 122 placas, en un minuto, me puse a pensar que podría haber sido yo porque jamás tuve tanta identificatoria», contó.

El último día del viaje conoció a «un señor maravilloso» del que hoy es amigo: Cardozo. «Me dijo quién era y me contó todo lo que había hecho. Sacó muchas hojas, informes con datos, detalles de dónde y cómo encontró a los compañeros, y cómo los envolvió para preservar los cuerpos», narró Aro. Ya en Argentina, el ex combatiente hizo traducir los documentos y hallaron así placas con números y letras que indicaban los documentos de los soldados encontrados.

Aro creó la fundación «No me olvides» y comenzó a recorrer el país en busca de los familiares de esos soldados. De esa manera, comenzó el operativo que llevó a los familiares de los ex combatientes al cementerio junto al Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF).

La iniciativa obtuvo el respaldo de figuras como el líder de Pink Floyd, Rogers Waters, y el Papa Francisco, de organizaciones humanitarias como la Cruz Roja, así como del gobierno británico y argentino.

Tras recorrer el país junto a otro ex combatiente, José María Raschia, Aro explicó los objetivos del proyecto a los familiares de los caídos, con el objetivo de crear un banco de datos genéticos para poder cotejar los restos de los soldados caídos y sus familiares.

En noviembre de 2016, las cancillerías argentina y británica avanzaron en conversaciones para la identificación de los cuerpos y finalmente, en junio de 2017, un grupo de especialistas encabezados por el Equipo Argentino de Antropología Forense, con supervisión de la Cruz Roja, comenzó la exhumación de los cuerpos en Malvinas. Durante dos meses se tomaron muestras que permitieron identificar a 115 de los 122 soldados.

«El mayor acto soberano, fue colocarle una placa a cada uno de ellos», sostuvo Aro. Hay varias historias que lo conmovieron, pero una particular. «Mario es un padre que cuando lo fuimos a ver nos invitó a pasar. Preparó el mate y a las 6.45 en punto salió a la puerta. Lo acompañé. Tomó ahí un mate y volvimos a entrar», relató Julio. Una vez dentro de la casa, Mario le preguntó si había visto lo que hizo. «No viste el micro verde que paró en la esquina», le preguntó el padre. «Me contó que cada día sale a la misma hora a esperar que pase el colectivo verde, en el que llegaba siempre su hijo», explicó Aro.»Hace 35 años que estoy esperando que mi hijo baje», indicó Mario.

Para Aro, quizás Mario ya no espera más a su hijo porque pudo hacer su duelo a partir de la identificación del cuerpo en el cementerio de Darwin. «Hoy sale afuera cuando tiene ganas», reflexionó Aro. Por situaciones como esta, el fundador de «No me olvides» aseguró que ama lo que hace y que le apasiona. «Me pongo en el lugar del otro, de las madres», dijo.

Hasta el momento, solo quedan siete ex combatientes sin identificar que fueron enterrados en el cementerio de Darwin. «Tenemos entre 12 o 13 nombres para siete compañeros», explicó, y pidió que si alguien conoce a algún familiar de ex combatiente o puede brindar datos, se comunique con la asociación. «Las muestras del Equipo de Antropología fueron 100% exitosas», aclaró. En ese sentido, señaló que la postulación al Nobel no es solo de él, sino de los antropólogos, las embajadas, cancillería.

Lo mejor de la nominación y del trabajo de la fundación, es que un 16 de noviembre se hable de Malvinas desde el amor y de la paz. «Hay que entender que dos personas que pudieran ser enemigos, trabajan por la paz», aclaró, y agregó: «Geoffrey jamás podría ser mi enemigo». En ese sentido, explicó que si alguien ve a una persona ahogarse, la busca, no importa en qué idioma hable. «Hay que darnos una oportunidad de conocernos», sostuvo.

Finalmente, Aro indicó que desde la fundación buscan «transformarse en un dibujito«: «¿Vieron en Coco, cuando el protagonista entra en el mundo de los muertos?», preguntó el ex combatiente, y explicó que en la película muestran que «las personas mueren cuando se olvidan de ellos». Es por eso que aseguró que continuarán con su trabajo hasta el final.

FUENTE:airedesantafe.com.ar

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El Frente de Todos reconoció a Julio Aro por su nominación al Premio Nobel de la Paz 2021

15 Nov 20
Alberto Mena
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Elevaron un proyecto expresando beneplácito por la nominación del marplatense, veterano de la Guerra de Malvinas, al reconocimiento con motivo del incansable trabajo realizado a través de la Fundación «No me olvides».

Desde el bloque elevaron un proyecto expresando beneplácito por la nominación del marplatense Julio Aro, veterano de la Guerra de Malvinas, al Premio Nobel de la Paz 2021 con motivo del incansable trabajo realizado a través de la Fundación «No me olvides». La candidatura es conjunta a Geoffrey Cardozo, soldado británico encargado de reunir los cuerpos y construir el cementerio de Darwin en el año 1982.

El concejal Marcos Gutiérrez, autor de la iniciativa, destacó que «el trabajo llevado adelante por Julio Aro desde la Fundación ‘No me olvides’ es, sin dudas, una acción que contribuye con las políticas de memoria y de reparación hacia los familiares de los soldados caídos en las Islas Malvinas, pudiendo recuperar la identidad de sus seres queridos».

En el mismo sentido, el Presidente de bloque del Frente de Todos hizo hincapié en que «el proyecto de identificación de combatientes argentinos caídos en Malvinas apunta a la paz y cooperación internacional entre los Estados». «Este tipo de acciones representan una tarea de trabajo por la paz y un ejemplo mundial» , agregó.

La Fundación dirigida por Aro, lleva a cabo desde el 2008 un proyecto para identificar a los 123 argentinos caídos en guerra enterrados en el cementerio de Darwin bajo la placa «Soldado argentino sólo conocido por Dios».

FUENTE: elmarplatense.com

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Julio Aro: el ex combatiente que le devolvió el nombre a 115 héroes

12 Nov 20
Alberto Mena
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A los 19 años, Aro fue uno de los tantos conscriptos enviados a la guerra. En 2008, volvió a las islas y al ver en el cementerio de Darwin las 122 tumbas anónimas se propuso ponerles nombres. Junto al ex coronel inglés Geoffrey Cardozo, inició una quijotesca cruzada que de a poco fue apoyada por periodistas, Roger Waters, el papa Francisco, la Cruz Roja, el Equipo Argentino de Antropología Forense, la ONU y los gobiernos argentino y británico. Diez años después sólo quedan 7 tumbas sin nombres, el resultado de una labor que nuevamente postula a Aro y a Cardozo al premio Nobel.

Por Gabriel Esteban González

Julio Aro en el cementerio de Darwin en 2008: La gesta que emprendió con Geoffrey Cardozo hace historia

Julio Aro en el cementerio de Darwin en 2008: La gesta que emprendió con Geoffrey Cardozo hace historia


Pasaron 38 años desde el día en que ese soldado, alto y flaco, con indisimulable cara de chico de 19 años, bajaba del Hércules -¡era la primera vez que se había subido a un avión!- para pisar ese suelo argentino de las islas Malvinas.

Era el lunes 12 de abril de 1982 cuando Julio Aro, un adolescente nacido en Mercedes, provincia de Buenos Aires, llegaba a Puerto Argentino con el resto de su regimiento.

En diciembre de 1981había recibido la baja después de siete meses de servicio militar –lo cumplió un año más tarde porque había pedido prórroga para terminar de cursar la secundaria en la ENET Nº 1 de su ciudad- y para ayudar a las finanzas familiares, también trabajaba en un bar, a la vuelta de la casa paterna. Allí, con la bandeja en la mano, se enteró de la citación que había recibido su mamá para que al día siguiente, el 7 de abril de 1982, se presentara en el regimiento.

“A las 5.30 me fui caminando de casa al cuartel, al que pensaba nunca más volvería”, recuerda hoy Aro. “En la misma compañía en la que había hecho el servicio, entregué mi DNI, me dieron el bolso con el equipo, la ropa de fajina y el uniforme. Todos los chicos pensábamos que, de todos modos, no nos moveríamos de Mercedes”.

El soldado Aro, al volver de la guerra en junio de 1982.

El soldado Aro, al volver de la guerra en junio de 1982.


Pero no fue así. Antes del amanecer, en una larga fila de Unimogs, la tropa puso rumbo a Campo de Mayo donde los esperaban un descanso de diez minutos, un jarro de mate cocido, y a subirse a la panza del Hércules. Viajaron más de tres horas sentados sobre sus bolsos, en ese vuelo inaugural para todos los soldados, en una nave sin ventanillas. Aterrizaron en una base militar en la Patagonia, vieron el cielo nublado, estiraron las piernas, tomaron otro mate cocido, comieron un pedazo de pan, y de nuevo a otro avión que, una hora después se posaba en el pequeño aeropuerto cercano al recuperado Puerto Argentino, en la isla Soledad.

Los guerra de los chicos

Una de las tumbas sin nombre en Darwin.

Una de las tumbas sin nombre en Darwin.


“En el aeropuerto mismo nos dividieron”, recuerda Aro. “Algunos fueron destinados a Monte Longdon, otros al Dos Hermanas pero mi compañía, la de Comandos, se quedó cerca del pueblo con la misión de hacer los famosos pozos de zorro, las trincheras, para defendernos en caso de ataque aéreo. De todos modos, seguíamos pensando que los ingleses no iban a venir, que los soldados, muchos con apenas un par de semanas de instrucción militar, no tendrían que tomar un fusil”.

Nuevo error. El 1º de mayo escucharon esa temible palabra –Alerta Roja– que significaba la inminente presencia de un avión enemigo. Metidos en el pozo de zorro, los soldados se debatían entre protegerse o dejarse vencer por la curiosidad de ver los aviones que llegaban.

«Ese día nos dimos cuenta de que no era joda. Los aviones volaban tan cerca que parecía que les podíamos pegar con el casco»

“Ese día nos dimos cuenta de que no era joda”, relata Aro. “Volaban tan cerca que parecía que les podíamos pegar con el casco. Bajamos aviones ingleses pero con el tiempo supimos que también le habíamos dado a un nuestro… No teníamos ni idea de cómo distinguirlos…”

Las 237 cruces del cementerio argentino. (Foto: G. E. G.)

Las 237 cruces del cementerio argentino. (Foto: G. E. G.)

A partir de entonces, cada nuevo día fue peor que el anterior. Lluvia, frío intenso, bruma, pocas horas de sueño, bombardeos. Un suplicio sólo endulzado con la llegada de la carta de la mamá, la novia o el mejor amigo. “Nos sentábamos con un compañero, espalda con espalda, y las leíamos en voz alta”, continúa Aro.

«Cuando las bombas te despertaban en el pozo de zorro, te mirabas el cuerpo y agradecías que no te haya pegado a vos»

Entre el 11 y el 14 de junio casi ni dormimos. A veces te vencía el sueño en el pozo de zorro, a pesar del frío, el agua a media pierna y quedamos dormido sobre una tabla”, recuerda Julio. “Hasta que las bombas te despertaban, te mirabas el cuerpo y agradecías que no te haya pegado a vos”.

Todo terminó el lunes 14. El pozo de zorro estaba más poblado porque el repliegue empujó las tropas hacia Puerto Argentino. “Entre los que llegaron estaban los soldados Aguilar y Ochoa, que habían servido en Dos Hermanas, y que se atrincheraban a cinco metros de donde estaba yo”, cuenta Aro. El bombardeo fue intenso hasta que se escuchó una explosión bien fuerte y muy cerca. Después Julio supo que había sido la última que escuchó en la guerra. Pero Aguilar y Ochoa no se enteraron porque murieron por el impacto de las esquirlas.

El regreso

Julio Aro y la Fundación No me olvides llevó bicicletas a chicos correntinos de Colonia Pando.

Julio Aro y la Fundación No me olvides llevó bicicletas a chicos correntinos de Colonia Pando.


Tras la capitulación, los miembros de la compañía de Julio Aro fueron agrupados en el aeropuerto, haciendo una larga fila para dejar el arma y el casco, y ponerse a recoger los cuerpos de sus compañeros caídos.

“Estuvimos en las islas hasta el domingo 20, cuando nos embarcaron en el buque hospital Bahía Paraíso. Casi todos estábamos con diarrea, después de haber tomado tantos días el agua de los charcos”, rememora Aro. “En el barco separaron a los que hablaban inglés y después de 74 días, me pude dar un baño, comer el pan más rico de mi vida y ponerme la ropa más limpia que jamás me puse”.

Días más tarde, fue el regreso a Campo de Mayo en un Boeing 737, donde cambiaron la ropa de marinero que les habían dado los ingleses por la de fajina. Después de una rápida revisación médica –“a mí sólo me preguntaron si me dolía algo”, revela Aro– y del “consejo” de mantener silencio, el 22 de junio los soldados volvieron a Mercedes.

«Después de 74 días, me pude dar un baño, comer el pan más rico de mi vida y ponerme la ropa más limpia que jamás me puse»

Todo el pueblo los esperaba en la entrada. “En el cuartel nos vestimos de civil -¡la ropa nos quedaba enorme!-. El reencuentro con mis padres fue hermoso pero también muy duros los gritos y los llantos de los que no encontraban a sus hijos”, sintetiza Julio.

Volver a la vida civil

Premiados en Londres:Cardozo, Aro, Waters y Cociffi.

Premiados en Londres:Cardozo, Aro, Waters y Cociffi.


Aro todavía tenía 19 años y ya cargaba con una guerra en sus espaldas. Y como a la mayoría, le costó la reinserción social. “No me encontraba, no sabía qué quería de mi vida, me refugiaba en el whisky… Lo único que me calmaba era manejar cuando lo acompañaba a mi hermano en sus viajes de trabajo”. Julio se decidió a cursar el profesorado de Educación Física –tenía que levantarse a las 3 de la mañana para recorrer los 80 kilómetros hasta Las Heras– hasta que les dijo a sus padres que se iba a radicar en Mar del Plata para estudiar y trabajar. El casamiento y la llegada de sus dos hijas –Tamara y Tania–¬ lo obligaron a abandonar los estudios. En realidad, a hacer una pausa porque con casi 40 años se animó a volver a las aulas y en 2005 se recibió de «profe».

Un viaje clave
Aro sentía la necesidad de reconciliarse con aquel chico de 1982, ese que con 19 años tuvo que vivir una guerra. “Y lo hice en 2008 cuando viajé, solo, a Malvinas y el 2 de abril lo pasé en el cementerio de Darwin buscando a mis compañeros”, relata hoy. “Encontré las tumbas de Aguilar y Ochoa pero también otras 122 que no tenían nombre: ‘Soldado argentino sólo conocido por Dios’. Eso me pegó en la cabeza y entonces me propuse ayudar a las madres que no sabían dónde estaban sus hijos”.

De regreso a Mar del Plata y junto a otros dos ex combatientes, José María Raschia y José Luis Capurro, empezaron a contactarse con colegas argentinos e ingleses. Una periodista que vivía en Londres, María Laura Avignolo, fue el puente con Tony Davies, veterano que perdió una pierna en la guerra, quien los invitó a viajar a Reino Unido.

El cartel en la entrada al cementerio de Darwin.

El cartel en la entrada al cementerio de Darwin.


“Como no hablábamos inglés, nos consiguieron un traductor, Geoffrey Cardozo, muy callado pero muy amables” continúa Aro. “Recién el último día de nuestra visita nos contó quién era. Geoffrey era un coronel retirado que, si bien no estuvo en la guerra, fue el encargado de construir el cementerio de Darwin, el que había dado sepultura a muchos compañeros. No sólo nos aconsejó crear una fundación para lograr nuestro objetivo sino que también nos dio un sobre enorme sobre con fotos, informes, coordenadas del cementerio”.

Rescatando al soldado Gabino

Waters, cuando fue recibido por la presidenta Cristina Kirchner en Buenos Aires.

Waters, cuando fue recibido por la presidenta Cristina Kirchner en Buenos Aires.


Después de traducirla, entre tanta información recibida, les llamó la atención un número que, evidentemente correspondía a un DNI argentino, junto a la palabra “Corrientes”. No les costó mucho averiguar que era el de Gabino Ruiz Díaz, un soldado correntino que, sin duda, estaba en alguna de las 122 tumbas anónimas. Por eso, apenas pudo, en enero de 2009, Aro viajó en su camioneta a Corrientes para conocer a la mamá de Gabino, Elma Pelozo, que todavía seguía viviendo en Colonia Pando, un pueblito de 400 habitantes a 140 kilómetros de la capital provincial.

Julio y sus compañeros de la incipiente Fundación No me olvides se “enamoraron” de Elma y su pueblo. Le llevaron una cama ortopédica –la diabetes se llevó las dos piernas de la mamá de Gabino, herramientas, bicicletas para los chicos. Y sobre todo, la esperanza de hallar a su hijo. “Si vos te animas, Elma -le dijo Aro-, con una gotita de tu sangre podríamos saber en qué tumba está Gabino. ¡Y nos dijo que sí! Ella fue la pionera en el banco de sangre para iniciar la búsqueda”.

La cruzada que cruzó el Atlántico

El Papa Francisco dio su apoyo absoluto a Aro.

El Papa Francisco dio su apoyo absoluto a Aro.


A partir de 2010, la Fundación encaró el Proyecto ADN para alcanzar la restitución de identidades a los caídos en la guerra. No fue fácil. Los dos primeros años casi no hubo progreso hasta que a otra periodista que colaboraba con Aro, Gabriela Cociffi, se le ocurrió escribirle a Roger Waters, que estaba por realizar una serie de recitales en Buenos Aires, para que se sumara a la cruzada humanitaria. “¡Y Roger dijo que sí!”, cuenta todavía asombrado Julio.

“De inmediato, Roger se ofreció a plantear el tema a Cristina Kirchner y así lo hizo el 6 de marzo de 2012, en la Casa de Gobierno”. Tres meses después, en Nueva York y ante el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, la Presidenta pidió la colaboración del Reino Unido para permitir que la Cruz Roja tome muestras de ADN de los restos óseos del cementerio de Darwin.

En los siguientes cuatro años y casi a pulmón, Aro y Raschia recorrieron el país para contarles personalmente a las familias el objetivo del Proyecto ADN yla necesidad de armar un banco de datos genéticos de Malvinas.

«Le llevamos al papa Francisco cartas de puño y letra de las madres de los soldados»

Claudio Avruj recibe en Ginebra el informe de Cruz Roja Internacional.

Claudio Avruj recibe en Ginebra el informe de Cruz Roja

Internacional.Paralelamente, en 2013 el gobierno argentino y Cruz Roja Internacional firmaron un acuerdo para facilitar la labor de esa entidad “humanitaria, independiente, neutral e imparcial”. Y en diciembre de 2014, el Papa recibió a Aro y a Cociffi en El Vaticano. “Le llevamos a Francisco cartas de puño y letra de las madres de los soldados”, recuerda Aro. “Y antes de que le explicáramos el Proyecto ADN, nos dijo que ‘todo el mundo merece tener un nombre’, demostrándonos que estaba muy al tanto del tema”.

Hacia 2015 ya contaban con más de 50 muestras de sangre de familiares. Y en noviembre de 2016, la canciller Susana Malcorra anuncia que Argentina, Reino Unido y la Cruz Roja ya estaban en conversaciones para la identificación de los cuerpos. Finalmente el 20 de junio de 2017, un grupo de expertos, integrado por el Equipo Argentino de Antropología Forense bajo la supervisión de la Cruz Roja, comienza la exhumación de los cuerpos en el cementerio de Darwin y durante dos meses toman muestras en las tumbas anónimas.

5 de marzo de 2020: Elma Pelozo en el cementerio de Malvinas.

5 de marzo de 2020: Elma Pelozo en el cementerio de Malvinas.


En diciembre de ese año, en la sede de las Naciones Unidas en Ginebra, Argentina recibe los primeros 88 nombres identificados. Hasta ahora son 115 los cuerpos que recuperaron su identidad; el último, el subteniente Juan Domingo Baldini en noviembre pasado. Apenas quedan siete para determinar quiénes son.

Y el 9 de marzo de 2018, a diez años de aquella primera visita de Aro al cementerio de Darwin, esa que le cambió la vida, Julio, Gabriela Cociffi, Geoffrey Cardozo y Roger Waters fueron distinguidos en Londres con el premio “Dos rosas por la Paz”. Ese mismo año, Aro y Cardozo fueron postulados al Nobel de la Paz 2019, postulación que se repite para el 2021.

El broche de oro

Misión cumplida: Elma ante la tumba de su hijo Gabino.

Misión cumplida: Elma ante la tumba de su hijo Gabino.
Julio Aro tenía una cuenta pendiente con Elma Pelozo, la primera madre que apoyó la cruzada: llevarla a la tumba de su hijo al cementerio de Darwin. Un viaje complicado –y costoso- para una mujer de 80 años, que se mueve en silla de ruedas y que vive en un pueblito en el interior de Corrientes. Igualmente, el 5 de marzo el ex combatiente saldó su deuda.

En un derrotero que involucró un helicóptero militar de Colonia Pando a Corrientes capital, un jet privado a Mar del Plata, otro vuelo a Puerto Argentino, y 50 kilómetros de ripio del aeropuerto de Mont Pleasant al cementerio de Darwin, finalmente Elma pudo rezar ante la tumba de “Cambacito”, su hijo, al que había visto por última vez el 10 de marzo de 1982 y del que conserva una foto luciendo su uniforme cuando cumplía el servicio militar.

El Negrito Gabino, un soldado de 19 años del Regimiento de Infantería 12 que jamás había salido de Corrientes, murió en la batalla de Goose Green (Pradera del Ganso) el 28 de mayo de 1982, muy cerca de donde hoy se levantan las 237 cruces del cementerio argentino.

«La mejor recompensa es el agradecimiento de las madres que se reencontraron con sus hijos caídos en combate»

“Con el viaje de Elma a Malvinas logré una sensación de paz en mi corazón, el dulce sabor del deber cumplido”, reconoce Aro ahora. “Ella fue la madre que nos dio el primer empujón. Hoy comprendo que las 9 veces que fui a las islas no fueron en vano. Sí, es un orgullo que Roger Waters diga que admira la tarea que hicimos -¡en mi perfil de Whatsapp tengo una foto abrazado a él!- o que piensen que nos merecemos un premio Nobel. La mejor recompensa es el agradecimiento de las madres que se reencontraron con sus hijos caídos en combate”.

Año 2018, uno de los viajes de los familiares a Darwin.

Año 2018, uno de los viajes de los familiares a Darwin.


-Aro, a 38 años del conflicto, a 38 años de empuñar un armar, qué significa para usted la palabra guerra?

-Que no hay guerra ni santa ni buena ni justa, las guerras destruyen a los pueblos, las guerras son una mierda… Para cumplir sus objetivos, el hombre debe usar su herramienta más potente: la palabra, el diálogo. Que las Malvinas son argentinas no me cabe ninguna duda pero si algo aprendí en mis 58 años es que nada se consigue con la violencia.

FUENTE: www.telam.com

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Julio Aro y Geoffrey Cardozo juntos: son los veteranos de Malvinas candidatos al Nobel de la Paz

10 Nov 20
Alberto Mena
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Entrevista de Nelson Castro a Julio Aro y Geoffrey Cardozo, los veteranos de la Guerra de Malvinas candidatos al Premio Nobel de la Paz 2021 (realizada en 2018). Julio Aro y Geoffrey Cardozo son veteranos de la Guerra de Malvinas. Y serán candidatos para el Premio Nobel de la Paz. Trabajaron juntos sin descanso para lograr identificar a los soldados argentinos enterrados en tumbas sin nombres en el Cementerio de Darwin. La búsqueda empezó a ciegas y el destino hizo lo que tenía que hacer: los unió. Todo fue respeto, dedicación y amor. Son los hombres que gestaron el reencuentro de familias enteras con su propia historia. Son los hombres que les dieron a madres y padres un lugar donde llorar a sus hijos. A esos hijos que son héroes. Lo que cada uno de ellos dice en esta entrevista que Nelson Castro les hizo en 2018 estremece.

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