Con motivo de conmemorarse un nuevo aniversario de la gesta de Malvinas, integrantes de la Fundación No Me Olvides concurrieron a distintos establecimientos escolares de Mar del Plata a participar de actos de homenaje a nuestros héroes y en varios de ellos a charlar y compartir material audiovisual con los alumnos, como una forma de seguir dando difusión a las actividades que se vienen desarrollando y brindando a las nuevas generaciones la información que permita seguir recordando con orgullo a aquellos que dieron su vida por la Patria, honrar a los ex combatientes y concientizar que las guerras solo traen dolor, por lo que soñamos que la soberanía sobre nuestras Islas sea reconocida a través de los caminos de la paz. Fue una hermosa jornada y la Fundación quiere agradecer las invitaciones del Jardín Municipal Nº 14 «Gustavo Marcelo Planes», el Colegio Humberto Illia ( turno mañana y tarde ), el Colegio Isaac Newton, el Instituto Gutemberg y la Escuela Primaria Nº 40 del Barrio Los Acantilados.
Lo más importante de nuestro trabajo es saber que logramos cumplir una misión humanitaria. El miércoles estuvimos en el cementerio de Darwin acompañando la visita de las familias de los soldados argentinos sepultados en las islas Falkland/Malvinas. “Muchos años de mucha bronca y de mucha rabia… esto fue la transformación de estos sentimientos en sentimientos de sanación, de justicia. De cambiar eso por el amor, de poder reencontrarnos…”, dijo Mabel Godoy, la novia del soldado Víctor Rodríguez.
Este video fue publicado por el Comité Internacional de la Cruz Roja luego del viaje junto a familiares al Cementerio de Darwin en las Islas Malvinas.
«Lo más importante de nuestro trabajo es saber que logramos cumplir una misión humanitaria.
El miércoles estuvimos en el cementerio de Darwin acompañando la visita de las familias de los soldados argentinos sepultados en las islas Falkland/Malvinas.
“Muchos años de mucha bronca y de mucha rabia… esto fue la transformación de estos sentimientos en sentimientos de sanación, de justicia. De cambiar eso por el amor, de poder reencontrarnos…”, dijo Mabel Godoy, la novia del soldado Víctor Rodríguez.»
Durante un acto que se desarrolló en el Colegio Nacional “Arturo Illia” dependiente de la UNMdP, el Concejal Mario Rodríguez hizo entrega de la Resolución del Honorable Concejo Deliberante del Partido de General Pueyrredon por medio de la cual adhiere a la iniciativa promovida por la Universidad Nacional de Mar del Plata, para postular al Premio Nobel de la Paz, en forma conjunta, al marplatense Julio Aro, ex combatiente y principal impulsor de identificación de los soldados argentinos enterrados en Malvinas, y a Geoffrey Cardozo, el soldado británico encargado de reunir los cuerpos y construir el cementerio de Darwin en 1982.
La Universidad Nacional de Mar del Plata inició tiempo atrás una campaña para postular al marplatense Julio Aro, impulsor de la iniciativa de la identificación de los soldados que yacen en Malvinas y ex combatiente, junto al soldado británico encargado de reunir los cuerpos, Geoffrey Cardozo, a fin de que ambos sean galardonados con el Premio Nobel de la Paz.
Julio Aro, ex combatiente de Malvinas, es el principal impulsor del proceso de identificación de los soldados argentinos enterrados en el cementerio de Darwin.
Geoffrey Cardozo es el soldado británico encargado de reunir los cuerpos y construir el cementerio Darwin en 1982.
Desde la Fundación No Me Olvides, dirigida por el propio Aro, se lleva adelante desde 2008 un proyecto para identificar a los 123 argentinos caídos en Malvinas enterrados en el cementerio de Darwin bajo la placa: “Soldado argentino solo conocido por Dios”.
El ex combatiente de Malvinas dijo que tuvieron muchas trabas para poder lograr lo conseguido pero señaló que “no nos olvidamos, pero no queremos detenernos en reproches; fue una tarea titánica”. De todas formas, reveló que “es increíble pero las tres personas que más nos ayudaron fueron ingleses”.
Julio Aro recibió la distinción “Dos rosas por la Paz” en Londres, junto al músico Roger Waters, la directora editorial de Infobae, Gabriela Cociffi, y Geoffrey Cardozo.
La nominación al Nobel de la Paz es conjunta. Además de Julio Aro fué elevado al comité elector el nombre de Geoffrey Cardozo, el soldado británico encargado de reunir los cuerpos y construir el cementerio Darwin en 1982. Desde la UNMdP aclararon que“Si bien la universidad puede ser el puntapié inicial, es una iniciativa abierta al resto de la comunidad y cuantas más adhesiones vamos juntando, más fuerza tienen las candidaturas”.
El 13 de marzo fueron 62 los familiares que llegaron hasta Darwin para homenajear a los nuevos soldados identificados: 112 han recuperado sus nombres desde que se inició el Plan Proyecto Humanitario.
Luego del segundo viaje junto a familiares de caídos en Malvinas recientemente identificados, Julio Aro, el ex coronel británico Geoffrey Cardoso y el Embajador del Reino Unido Mark Kent compartieron una nota para hablar del tema
El hombre que se encargó de dar sepultura a los soldados argentinos en la Guerra de Malvinas y cuya tarea permitió lograr la identificación de los Héroes estuvo en la ciudad junto a Julio Aro
Luego de participar en el segundo viaje que se realizó a las Islas Malvinas junto a familiares de los soldados recientemente identificados a través de los exámenes de ADN, proyecto impulsado por la Fundación No Me Olvides de Mar del Plata, el ex coronel británico Geoffrey Cardoso llegó a nuestra ciudad para participar de una serie de actividades junto al ex soldado Julio Aro, luchador incansable de esta causa.
A pesar del cansancio y la emoción de lo vivido el pasado miercoles 13 junto a más de 60 familiares de soldados argentinos que han podido ser identificados durante el último año, Cardoso arribó a Mar del Plata cerca de las once de la mañana del jueves y fue recibido por un nutrido grupo de nadadores de aguas abiertas que bajo la conducción del múltiple campeón mundial Claudio Plit vienen desarrollando desde hace algunos años el Desafío del Atlántico Sur, nadando en aguas malvinenses en una prueba que además de un logro deportivo, sirvió para apoyar la causa que lleva adelante la Fundación.
Luego por la tarde realizó una nota especial para la revista CENTRAL que editará un número especial ( en español e inglés ) sobre el proyecto de los ADN, la tarea humanitaria que llevó adelante Cardoso como responsable del entierro de los soldados argentinos caídos en combate y la tenaz lucha de Julio Aro por lograr llegar a esta instancia donde solo restan diez cuerpos sin identificar . Por la noche compartió una emotiva cena con los integrantes de la Fundación, charlando durante horas con don Federico Planes, papá de uno de los Héroes de Malvinas, sentado a su lado.
El viernes 15 brindó junto a Julio Aro una conferencia de prensa a las 9 de la mañana en el Hotel Costa Galana que contó con la presencia de una importantísima cantidad de medios locales y nacionales. De allí se dirigió al Colegio Atlántico del Sud (CADS), donde fue sorprendido por todo el alumnado que lo recibió con aplausos y muestras de permanente afecto, compartiendo con él un video preparado especialmente con motivo de su visita.
Finalmente, al mediodía se hizo presente en el Colegio Illía, donde frente a los alumnos del nivel secundario, el Rector de la Universidad de Mar del Plata CPN Alfredo Lazzeretti y el Secretario de Comunicaciones Alberto Rodríguez le entregaron una distinción a él y a Julio Aro, luego de explicar las motivaciones que llevaron a la casa de altos estudios a postular a ambos para el Premio Nobel de la Paz 2019. Posteriormente el concejal Mario Rodríguez entregó una copia de la ordenanza por la que el Honorable Concejo Deliberante de General Pueyrredón acompaña dicha postulación.
El excombatiente marplatense Julio Aro y el coronel británico Geoffrey Cardozo, postulados al Premio Nobel e impulsores de la identificación de los soldados argentinos caídos, estuvieron en Mar del Plata tras regresar de las Islas junto a familiares. “Faltan 10, hacemos todo para lograr el objetivo”, dijeron.
El excombatiente marplatense Julio Aro y el coronel británico Geoffrey Cardozo, juntos en Mar del Plata tras regresar de Malvinas.Comentarios
En 1982 nadie habría pensado en la posibilidad de que un soldado argentino se estrechara en un abrazo fraterno con un coronel inglés. El tiempo, pero sobre todo un sueño con un valor humanitario de tal dimensión que fue postulado al Premio Nobel de la Paz, lo hizo posible.
“Faltan 10, solo 10”, repiten el excombatiente marplatense Julio Aro y el coronel británico Geoffrey Cardozo en Mar del Plata, a horas de haber regresado de Malvinas junto a un nuevo grupo de familiares que viajó para identificar a sus seres queridos. “Faltan 10”, porque ya son 112 los combatientes identificados en el cementerio de Darwin tras pasar 35 años enterrados con la placa anónima con el mensaje “Soldado argentino solo conocido por Dios”.
Julio y Geoffrey le ponen nombre al honor. A 48 horas de una nueva y emotiva visita a las Islas, invitados por la Universidad Nacional de Mar del Plata en el marco de la postulación de ambos al Premio Nobel de la Paz, compartieron sus emociones en esta experiencia vivida junto a familiares de soldados caídos en Malvinas.
“Estamos muy felices, es increíble lo que hemos vivido, una etapa divina con acontecimientos únicos”, dijo Aro, principal impulsor del proceso de identificación de los soldados argentinos enterrados en el cementerio de Darwin.
“Cada visita es única pero esta fue especial. Dos horas antes de salir hubo una noticia, diciéndole a dos familiares más que tenían a sus hijos reconocidos. Vamos en una cuenta regresiva. Faltan 10 compañeros, en el transcurso el año vamos a llegar a un número muy importante”, dijo.
Tras la identificación de 112 excombatientes, se trabaja en completar el proceso con los otros diez. “Con algunos de sus familiares logramos contactarnos y dieron su muestra de sangre; estamos a la espera de esos resultados de laboratorio. Con otros todavía nos falta encontrar a su familia”, explicó el titular de la Fundación No Me Olvides.
El capitán inglés Geoffrey Cardozo fue una pieza clave para devolverle la dignidad e identidad a los soldados argentinos que murieron en Malvinas. “Ninguna guerra tiene sentido, entonces esta tampoco lo tuvo”, le dijo a LA CAPITAL.
En relación a este arduo proceso encarado junto con el marplatense Julio Aro, sostuvo: “Esto tiene un valor humano enorme. Estamos todos involucrados. La prensa es un vector de la comunicación importantísimo entre la gente y el equipo, un grupo de personas con profesionales forenses y antropólogos increíbles, la Cruz Roja y agrupaciones de veteranos, pero sobre todo las familias, que nos dan una esperanza enorme y son un ejemplo”.
En esta nueva visita a las Islas, por primera vez se desplegó la bandera celeste y blanca en el cementerio de Malvinas. “Para mí fue desplegar el amor; fue ver las caras de las madres y de los familiares de sentir esto por primera vez en más de 30 años. Vi sonrisas, no de fiesta, pero sí de alivio profundo“, describió.
La postulación al Premio Nobel
La Universidad Nacional de Mar del Plata viene dándole un fuerte impulso local, nacional e internacional a la postulación de Julio Aro al Premio Nobel de la Paz, algo que parece avanzar con la esperanza de concretarse.
“Desde Argentina tenemos una sensibilidad particular por lo que ha representado el conflicto pero la Universidad pensó la postulación como un mensaje de paz”, explicó Alberto Rodríguez, secretario de Comunicación y Relaciones Públicas de la Unmdp.
“La Universidad hizo todas las presentaciones en lo que hace a los protocolos, llevamos la documentación respectiva en un trabajo de docentes e investigadores de la Universidad. La Fundación Nobel nos respondió, ha sido admitida formalmente la postulación y está en etapa de selección. Esperamos seguir avanzando”.
“Estamos orgullosos de lo que están haciendo Julio, Geoffrey y todo el equipo de este ambicioso proyecto humanitario. Pero este es el triunfo de las familias, con una connotación fuerte e importantes gestos para que la postulación se corone”, completó.
Testimonios de una jornada inolvidable para 62 familiares de soldados caídos en la guerra de 1982 que ahora fueron identificados
Por Gaby Cociffi13 de marzo de 2019Directora Editorial de Infobae | gcociffi@infobae.com
Clic, clac, clic, clac. Los rosarios golpean contra las cruces blancas de Darwin, acariciados por el viento de las Islas.
Trap, trap, trap. Las pisadas sobre las piedras blancas que conducen al cementerio marcan la ansiedad de estas madres, hermanos, hijos, que apuran el paso en esta mañana de sol y frío en la verde pradera.
«Ay, ay, ay«, exclama una madre mientras, de rodillas, acaricia por primera vez el nombre de su hijo, ahora identificado, grabado en la negra placa de granito.
Malvinas tiene voz. Cada sonido cuenta una historia diferente. Las historias que guardan desde el fin de la guerra cada una de las 230 cruces, cada uno de los 649 nombres escritos en el camposanto argentino.
Ayer fueron 65 los familiares que llegaron hasta Darwin para homenajear a los nuevos soldados identificados: 112 han recuperado sus nombres desde que se inició el Plan Proyecto Humanitario. Solo faltan 10 y ya no habrá más Soldados argentinos solo conocidos por Dios en Malvinas.
El vuelo de Andes 682, rentado por Aeropuertos Argentina 2000, partió desde Ezeiza pasadas las cuatro de la mañana. Dos horas y cuarenta minutos más tarde, los pilotos Pablo Linari, Tomás Martin y Federico Serino aterrizaron en Mount Pleasant con los 165 pasajeros que, sin dormir y con las emociones contenidas, sintieron cómo los rayos del sol les daban la bienvenida en la Isla Soledad.
La tripulación del avión Andes que llevó a los familiares al aeropuerto de Mount Pleasant
«Hasta esta madrugada llovió sin parar«, dijo en un difícil y gentil español un asistente que selló los pasaportes y confirmó que la habitual inclemencia del tiempo del sur había cambiado para recibir a las familias de los héroes.
Los 40 minutos en ómnibus que separan el aeropuerto del cementerio se hicieron en silencio. Las miradas clavadas en las áridas tierras verdes y amarillas.
Entonces llegó el sonido de los pasos sobre el camino de ripio. Y los rosarios. Y los sollozos de las madres que encontraban a sus hijos después de más de tres décadas.
La madre y la hermana de Luis Guillermo Sevilla
Ahora son las voces y las lágrimas, los rezos y los abrazos los que quiebran el silencio en esta inmensa soledad. «Su cuerpito esta ahí, ya puedo quedarme tranquila«, dice casi susurrando, con las manos juntas, los ojos con lágrimas, Cristina Lera, la mamá del soldado Luis Sevilla. Llora entonces Miriam, quien despidió a su único hermano siendo una adolescente y casi cuarenta años después lo sigue extrañando como el primer día. Y le habla a la cruz blanca. Le cuenta que todos los 28 de mayo, día en que murió, ellas le preparan el locro que tanto le gustaba. «La cartita que enviaste de Malvinas diciéndonos que hacía mucho frío está en un cuadro en casa«, le dice.
La congoja le aprieta la garganta cuando explica que él podía no haber hecho el servicio militar porque era único hijo sostén de madre soltera. Pero pidió ir porque le había tocado la Fuerza Aérea y decía que eso le daba oportunidad de progresar y estudiar. «Él le dijo a mi mama ‘así puedo comprarte una casa y no andamos de aquí para allá sin tener donde vivir’. Y pobrecito le dio la casa, pero la pagó con su vida«, recuerda con angustia.
De rodillas, Mabel Godoy besa la cruz de Víctor Rodríguez, el joven que la enamoró desde aquella vez que peregrinaron juntos a Luján para orarle a la Virgen, cuando ella apenas había cumplido los 17 años. Fue su primer y gran amor. Pero la guerra se lo arrebató.
A su lado Nora, que solo tenía cuatro años cuando Víctor partió hacia la guerra, le rinde homenaje a su hermano mayor al que casi no recuerda. ¿Qué imágenes vuelven a esta memoria que apenas alcanza a recordar al joven sonriente que la levantaba en brazos y la mimaba como la princesa de la familia?
Envuelta en una bolsita de plástico y en un sobre, Raquel Folch guardó una carta para Aníbal, su hermano más pequeño que cayó el 14 de junio de 1982, cuando faltaban solo horas para la rendición del general Mario Benjamín Menéndez. «Es la carta que él me había pedido que le mandara a las Islas y en ese momento no escribí porque pensé que Ani ya volvía«, se lamenta.
Tuvieron que pasar 37 años para que Raquel, quien por primera vez pisa las Islas junto a su hermana Carmen, tomara el coraje de escribirle aquella carta que nunca envió. «Le pido perdón por no haberlo hecho antes, porque era tan jovencita como él y en ese momento no me imaginaba qué era una guerra…nunca pensé que él iba a quedarse acá«, llora. «Solo quiero abrazarte, hermano mío«, repite y con sus brazos envuelve la cruz adornada con flores blancas de tela y sujetas con un precinto para que el viento no se las lleve.
Su grito se ahoga con las lágrimas: «¿Por qué tanto dolor?, ¿por qué tuviste tanto frío?, ¿por qué te quedaste acá hermanito?», apoya Raquel su frente en la negra placa de granito y acaricia el nombre de Aníbal Folch.
Una hilera más atrás, Lila Yolanda Aguirre dice que no quiere recordar a su Héctor así, frío como el mármol que descansa debajo de la cruz. Que lo siente tibio y cerca, afirma, y se toca el vientre. A los 82 años cuenta que en su memoria él aparece sonriendo y llamándola»Negra». Recuerda que le gustaba el judo y lo practicaba por las tardes cerca del canal. «Locura» le decían los amigos a su único hijo, y así ella lo adoró con su amor de madre. «Ahora me quedo más tranquila porque sé que su cuerpo no está por ahí tiradito«, reflexiona y en sus manos aprieta con fuerza unas piedritas blancas que recogió del cementerio.
Familiares del soldado Héctor Walter Aguirre
Viajó sola y llora abrazada a la cruz de su hermano. Cata Ferrau le habla frente a la tumba ahora identificada. «¿Por qué tuviste que quedarte en estas Islas tan lejos, si yo rogué para que volvieras de cualquier manera? Aun herido o invalido te hubiera cuidado toda mi vida. ¿Por qué no volviste a casa donde te esperé todos estos años?«, se emociona la mujer que hoy llegó por primera vez a las islas. «Están tan lejos… cuando me subí al avión, como nunca antes había volado, tuve miedo. Pero si él se animó a venir, yo también tenía que hacerlo», cierra la hermana del soldado Jose Ramón.
La tumba del soldado José Ramón
Toc, toc, toc, las botas de la Guardia Escocesa suenan en el perímetro del cementerio de Darwin. Vestidos con sus uniformes de gala, siete soldados británicos levantan las armas y rinden honores.
Las largas y tristes notas de una gaita atraviesan las lágrimas y las oraciones de las familias de los caídos. Dos gaiteros reales interpretan «El lamento». Luego, será Omar Tabarez, quien fue cabo músico del Regimiento 25 y por primera vez regresó a las Islas, quien con su trompeta volverá a ponerle sonido a la historia de la guerra y sus héroes. El veterano Celso Farías, que por primera vez regreso a las islas después de la guerra, abraza con emoción a su compañero que baja la trompeta con las manos temblorosas.
Llega el momento de la oración. El padre Ponciano Acosta, familiar del gendarme caído en MalvinasGumersindo Acosta, comienza el responso: «Tú que nos resucitarás…». «Señor, ten piedad», se unen las voces para rogar a Dios. Lo acompaña el sacerdote de las Islas, padre Ambrose, quien en un claro español ayuda con la ceremonia.
El religioso argentino habla de tres palabras que definen este día histórico: Gracias (por estar aquí, por saber dónde están nuestros seres queridos), Siembra («la semilla que cae sobre la tierra queda infecunda, solo debajo puede dar frutos: que ellos sean semillas de paz»), y Luz(«vamos a bendecir estas velas de distintos colores que expresan la diversidad que hay entre nosotros»). La eucaristía marca un silencio profundo solo interrumpido por los «amén» de los familiares.
María Fernanda Araujo, presidenta de la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas, toma el micrófono. Y vuelve a repetir la palabra que más se escuchó en Darwin: «Gracias». Pide que todos se abracen, y que en ese abrazo estén todas las familias de Malvinas, «las que hoy viajaron y las que no están aquí». Los brazos entonces se entremezclan, las manos se estrechan, los cuerpos se unen. Y allí frente a la gran cruz, todas las familias se convierten en una sola.
Claudio Avruj, secretario de Derechos Humanos, toma la mano de una madre. La ayuda a caminar entre las cruces. «Es un honor acompañar a estas familias hoy», se conmueve.
A pasos de allí, al pie de la cruz del sargento Mario Cisnero se destaca un retrato del valiente militar. Minutos antes, su hermana Gladys colocó las rosas de tela con cuidado y amor. Durante muchos años, su familia se había negado a la identificación: «Teníamos miedo de que se llevaran su cuerpo al continente y lo sacaran de las Islas», explica. Pero hoy el «Perro» es uno de los 112 soldados identificados.
«Esto fue cerrar un duelo, lograr la paz», dice y cuenta que solo mucho después, en su Catamarca natal, supo que Mario Antonio era un símbolo para sus hombres y para el Ejército.
Hoy Gladys tiene un pequeño museo de su hermano en un cuarto de la casa: un maniquí con su uniforme, dos cascos, la última valija que usó con sus camisas y su ropa, la boina… «Siento orgullo, ahora sé que él fue un ícono. Y leer su nombre en esta placa también me permitió sentir que es justo e importante que los héroes recuperen su identidad«, dice.
Lorna Márquez emocionada cuenta que cumplió la promesa que le hizo a su abuela: llevó las cenizas de Elda para que estén junto a su hijo, Rubén Eduardo. «Ella me había pedido que volcara sus cenizas en las Islas, porque mi tío no estaba identificado. Ahora las puse entre las piedritas, así están unidos para siempre«, revela.
Las 165 personas recorren el cementerio de Darwin en este segundo viaje humanitario organizado en toda su dimensión por Eduardo Eurnekian –Aeropuertos Argentina 2000– quien constantemente apoya a las familias de Malvinas, por Roberto Curilovic -director de desarrollo de nuevos negocios de AA2000-, Matías Patanian y Martín Eurnekian -de Corporación América-, el Embajador del Reino Unido en la Argentina Mark Kent, el gobierno de las Islas y la Comisión de Familiares de caídos en Malvinas. El viaje contó además con el apoyo de la Secretaría de Derechos Humanos y de la Cancillería.
La causa humanitaria que permitió que 112 soldados hasta hoy hayan sido identificados nació en 2008 con el impulso del veterano Julio Aro, quien cuando regresó a las islas para cerrar sus heridas se conmovió frente a las 121 cruces que en ese entonces decían «Soldado Argentino solo conocido por Dios».
«Me partió la cabeza no encontrar a mis compañeros de trinchera a quienes yo había enterrado», recuerda el soldado de Mercedes. Desde entonces comenzó a trabajar por la identificación de sus camaradas. El destino quiso que conociera al coronel británico Geoffrey Cardozo -a quien le fue encomendada la difícil tarea de recoger los cuerpos de los campos de batalla para darles honorífica sepultura-, que le entregó el informe de cómo se había construido el cementerio de Darwin. Luego, con el trabajo de esta periodista de Infobae –que junto a Aro visitó a casi 120 familias- la causa fue sumando voluntades: el apoyo incondicional de Luis Fondebrider, Maco Somigliana del Equipo de Antropología Forense, y el compromiso del músico inglés Roger Waters, quien le dio voz a las madres que clamaban por sus hijos.
Este trabajo concluyó en el Plan proyecto Humanitario y en las identificaciones que muestran que en Darwin solo quedan 10 soldados sin nombre.
Ya cae la tarde. Se escucha el canto de un pájaro lejano. Las familias abandonan Darwin. Clac, clac, clac, las despiden los rosarios golpeando contra las cruces.
Suenan ahora las turbinas del vuelo de Andes 683. En dos horas y cuarenta minutos los pilotos aterrizarán en el aeropuerto internacional de Ezeiza. La nave se eleva, deja Mount Pleasant. Las Islas se van haciendo pequeñas. Y una madre llora pegada a la ventanilla: «Ojalá pueda volver a verte pronto, hijo mío«.