El ex combatiente Julio Aro lucha porque el «Proyecto ADN» se pueda llevar a cabo. «Le tenemos que poner a cada cruz su nombre”, dice
Por Valentina Viejo
Julio Aro tenía apenas 19 años cuando pisó Malvinas y debió combatir contra los ingleses por la recuperación de las islas. A pesar de que la guerra terminó el 14 de junio de 1982, las secuelas lo acompañan hasta el día de hoy.
“Había terminado la colimba y prometí que nunca más volvería al regimiento. Pero el 3 de abril me llegó la carta de que me tenía que presentar. Era inocente, muy ‘mamero’, no sabía que íbamos a formar parte de un acontecimiento histórico”, confesó a 10 Ahora.
Tampoco Julio se iba a imaginar que regresaría de ese sangriento conflicto con vida, que formaría la fundación “No me olvides”, haría el documental “Héroe corriente”, entregado al Papa Francisco, y presentaría el “Proyecto ADN” para identificar a los 123 soldados caídos sepultados en el cementerio de Darwin.
“A partir de la guerra mi vida hizo un vuelco”, manifestó y detalló: “Pensaba que lo que había vivido no me lo iban a creer. Fueron 74 días de mucho sufrimiento e incertidumbre. Hubo actos heroicos, los chicos fueron hombres, son héroes”.
Después de la terrible experiencia, los excombatientes debieron soportar las consecuencias al regresar a sus casas. “Hubo muchos problemas de trastornos. No dormía en mi colchón y me dormía esperando un grito o un estallido. Nos costó mucho reinsertarnos en la sociedad porque éramos los loquitos. Estábamos marginados”, expresó.
Sin embargo, Julio pudo rehacer su vida con mucho esfuerzo. Pero en 2008 sintió la necesidad de retornar al lugar donde había perdido a muchos compañeros y volvió a sentir “el fuerte viento que te pega en la cara y ese inigualable olor” que caracteriza a las islas.
-¿Qué sentiste al regresar?
-La experiencia fue genial. Fui a buscar al Julio que había dejado en el ‘82. Desde que bajé del avión no paré de llorar, me temblaban las piernas. Me hizo bien. En el cementerio aliviané la mochila que tenía: estaba encorvado y volví erguido, me saqué las porquerías. El que pisa las islas vuelve de otra manera, con ganas de hacer cosas.
En ese nuevo viaje a Malvinas Julio sintió la obligación de involucrarse un poco más en el tema. “’Soldado argentino sólo conocido por Dios’, me mató esa placa. A partir de eso, nos empezamos a motivar y armamos la fundación”, afirmó.
El presidente de “No me olvides” recorrió un largo camino para que se identifiquen los 123 cuerpos sepultados en Malvinas. La Cruz Roja Internacional, Desarrollo Social y Antropología en conjunto realizaron el primer banco genético con 119 muestras de sangre de familiares de los soldados caídos.
“Estamos a un paso de poderlo lograr. Hace falta que los gobiernos entiendan que es un hecho humanitario y no político. El Estado tiene miedo de que también pidamos la soberanía, aunque nunca vamos a dejar de reclamar, ahora sólo pedimos la identidad. Le tenemos que poner a cada cruz su nombre”, manifestó con seguridad.
A 34 años del conflicto bélico, todavía hay padres que esperan a sus hijos en las puertas de sus casas y, aquellos que tuvieron la oportunidad de ir a Darwin, recorren el cementerio de punta a punta para encontrar la placa con el nombre de su hijo. Por eso, explica Julio que “es traumático porque el cuerpo está ahí, no son NN, tenían nombre, apellido y rostro. Es el derecho a la identidad. Una de las formas de matar es el olvido. Esas familias no pueden cerrar su duelo, necesitan saber dónde están”.