Este domingo es el día de la madre. Conocemos el dolor de las madres de Malvinas, aquellas que sufrieron por sus hijos mientras duró la guerra, las que lloraron de alegría al volver a abrazarlos y las que aún lloran por los que no pudieron volver. A muchas de ellas seguimos acompañando en su derecho a tener aunque sea, una tumba identificada para poder llevarle una flor a su hijo. Es una cuestión de humanidad, más allá de cualquier otro análisis. Es el respeto a aquellas que lo desean treinta años despues de haber entregado a la Patria lo más preciado que una madre puede dar: la vida de un hijo. Tal vez, para que se entienda, lo mejor es leer una historia que han compartido a traves de las redes sociales, los autores de un muro denominado «Gesta para No Olvidar»: «La trinchera de Teresa»
Teresa Cristina Gamalero de Hornos, madre del soldado Carlos Alberto Hornos, guarda todo lo de su hijo: pantalones, medias, calzado, fotos, cartas y camisas limpias y planchadas. Cada cosa la acomoda escrupulosamente en un placard, en bolsas de nylon, debajo de su propia ropa. A los tantos meses repite el procedimiento: saca, lava, plancha y ordena con secreta prolijidad. Luego vuelve a guardar. Es una ceremonia tan íntima como prevenida. Su hijo cayó en combate el 13 de junio de 1982, pero el telegrama le llegó tres días después, el 16 de junio. Las pertenencias de Carlos Alberto son para persistir, no se desprende de ellas por nada del mundo. Pero no las atesora como si fueran parte de un recordatorio, tampoco para tenerlo más cercano y presente. Al contrario. «Las guardo para cuando él vuelva», dice con serena convicción.
: «Me dejaba todo escrito, en cartitas, `Mamá, estoy en tal lado’, ponía; o `Ya vuelvo’. Era muy apegado a mí -recuerda-, muy cariñoso, cómo sería que a veces yo le mentía y le decía tal o cual cosa para poder irme, sino él se preocupaba, vivía cuidándome, protegiéndome. Y siempre papelitos, cartitas, los dejaba por todos lados para que yo supiera y me quedara tranquila», repite, mientras con la mirada recorre el contorno de la mesa como buscando alguno de esos mensajes invisibles. La carta más visible, sin embargo, está en su dormitorio. En un cuarto de siglo casi no ha vuelto a leerla. Allí, muy escuetamente, le anuncian que Carlos Alberto ha muerto en combate.
Se queda unos segundos en blanco, luego se levanta y acerca a la mesa fotos. Están sueltas pero en estricto orden: algunas son de la escuela, de cuando estudiaba en el colegio .
«Ellos dicen eso, que murió combatiendo, pero es lo que ellos dicen. Un día yo iba caminando por Romero y lo vi en un puesto de diarios, estaba en la foto de la revista `Diez’, de fajina, con otros compañeros, en las islas».
Mi hijo es chico flaco, chistoso y responsable, que le dejaba por todos los rincones de la casa papelitos con mensajes: «Má, fui a Malvinas, no te preocupes que ya vuelvo». Es la trinchera de Teresa. No la quiere abandonar y está en todo su derecho.
PARA ELLA Y PARA TODAS LAS MADRES DE LOS HEROES FELIZ DIA ..

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